La respuesta se reduce a algo muy simple: tenía
algo que decir.
Desde muy chico me gustaban los comics, que fue
lo primero que leí. De hecho, hasta la fecha sigo siendo fan de Superman.
Comencé a leer libros a los 13 años, hábito contagiado por mi mamá, la cual es
una lectora ávida.
Cuando entré a la universidad conocí a algunas
personas que compartían el mismo gusto por los comics (al igual que mis amigos
de la prepa. Estábamos todos en la facultad de arquitectura, diseño y
urbanismo), y decidimos crear nuestro estudio de comics. Yo tenía un personaje
que había creado desde la secundaria, y empecé a crear varios más,
desarrollando el origen y su historia. Nunca fui bueno para dibujar, pero
varios amigos sí, entonces yo les describía al personaje y ellos los dibujaban.
Mientras tanto, yo seguía desarrollando sus historias.
Para no hacer el cuento largo, nunca publicamos
nada. Incluso uno de los que formaba parte del estudio nos robó. Todos
siguieron con sus estudios y sus vidas normales, pero yo seguí escribiendo.
Siempre me ha intrigado la psicología humana,
sobre todo los asesinos y los psicópatas. No puedo entender por qué o cómo
puede una persona matar a otra sin sentir ningún remordimiento, o a veces hasta
placer, y es lo que generalmente abordo en mis cuentos. Cuando estaba en la
universidad, por recomendación de un amigo, leí American Psycho de Bret Easton
Ellis. Siento que es un libro que ha influido mucho en mi forma de escribir. Me
impresionó sobre todo la descriptiva del libro, aunque realmente no tiendo a
ser tan descriptivo como él. Y fue así que comencé a escribir cuentos cortos,
basados en cosas que se me ocurrían, nada de hechos reales. Por ejemplo, una
vez fui a San Luis Potosí a visitar a mi papá (vivía ahí en ese entonces, ya
no) y al pasar por un circo se me ocurrió un cuento. Veía cosas cotidianas y de
ahí me venía una ocurrencia y lo escribía. Siempre cargaba conmigo un cuaderno
y cuando pensaba en algo me sentaba a escribir. Después de un tiempo tuve que comprar
otro, así que siempre cargaba con mis dos cuadernos en un morral, llenos de
ideas, canciones, cuentos cortos, e incluso bocetos, ya que a veces así me era
más fácil recordar la idea.
Un mal día me robaron, todo lo que tenía (todo
lo cargaba en el morral, incluso mi cartera), incluyendo mis cuadernos. Fue a
lo que más le lloré. Eran 10 años de estar escribiendo, de cuentos, de
historias, de vivencias. Dejé de escribir por mucho tiempo.
Un día una amiga a la cual le había prestado
alguna vez mi cuaderno me entregó unas hojas. Eran copias que había sacado de
algunos de mis cuentos porque le habían gustado. Otra amiga me recordó que
tenía un viejo blog olvidado, en el cual había posteado algunos de mis cuentos,
además de otras cosas que se me habían ocurrido. Ese día volví a escribir.
Pensé que todo lo que había escrito se había perdido, pero ellas me habían
ayudado a rescatar algunas cosas. Claro, no todo lo que escribí estaba ahí, e
incluso algunas cosas de las que recuperé no recordaba haberlas escrito, pero
eso no importaba. Parte de mi trabajo estaba salvado.
Dejé de escribir en cuadernos, y me enfoqué en
lo digital. Escribía cuando tenía una computadora a la mano, lo cual no siempre
era posible. Una amiga me regaló una vieja laptop que ya no utilizaba, ya que
estaba muy lenta, pero a mí no me importó. Le agradecí el regalo, ya que además
de escribir me servía para hacer algunos trabajos como traductor freelance. Lo
que sí dejé de escribir todo lo que pensaba, y me enfoqué más que nada en mis
cuentos cortos. Ya no escribía tan frecuentemente como antes, pero seguía
escribiendo. Mostraba mi trabajo y generalmente recibía halagos, pero me
gustaba más recibir críticas, o malos comentarios, ya que eso me ayudaba a
mejorar. Claro, había comentarios que inmediatamente se notaba que eran
maliciosos, pero incluso de esos pude sacar algo.
Hasta la fecha sigo escribiendo. Tengo la
intención de desempolvar viejos blogs y escribir de temas más variados, y
espero poder tener la oportunidad de seguirlos compartiendo. Porque si nadie
lee lo que escribes, ¿para qué lo haces?