A algunas
de las personas que me conocen les parecerá extraño leer esto, pero la verdad
es que a veces soy muy inseguro. De cierta forma siempre he querido buscar la
aprobación de las otras personas, aunque no lo aparente. Excepto con mi
escritura.
Como había
comentado antes, todo empezó porque quería escribir comics. Mi primer personaje
lo creé cuando estaba en la secundaria. Tenía un amigo (de mis pocos amigos en
esa época, siempre fui muy solitario) que era fan de los comics, y dibujaba muy
bien. Le pedí que me ayudara a dibujar a mi personaje. Le expliqué cómo era, y
cuando lo terminó se burló de él. Siendo sinceros, sí era ridículo, pero vamos,
tenía yo 13 años. No iba a crear un Batman a esa edad, y menos siendo el
primero. Pero la verdad, aún con todo, me sentía orgulloso de mi personaje. Lo
mostraba a quien podía interesarle, y recibía comentarios buenos y malos, pero
creo que en ese entonces nunca los tomé en cuenta, porque jamás lo modifiqué.
Tiempo
después, ya en la universidad, tenía varios personajes creados. Bueno, vamos a
regresarnos un poco.
En la prepa
hice amigos (amigos que lo siguen siendo, aunque ahora todos vivamos en
ciudades diferentes) y dio la casualidad que todos estábamos interesados en los
comics. Otros dos o tres eran parte del grupo, aunque ahora ni siquiera nos
hablemos por algunas circunstancias. Todos creamos personajes, y unos eran no
tan malos, aunque algunos sí eran ridículos. Un compañero en particular (no es
del grupo de amigos de siempre) criticó mucho uno de mis personajes al decirme
que era muy parecido a Green Lantern, y lo deseché. Creo que fue la primera vez
que me afectó una crítica (aunque después de ver los personajes que el creaba,
creyéndose un pseudo intelectual de cuarta, no estaba yo tan mal). Ya desde ese
momento tendía yo mucho a hacer mis historias violentas.
Tengo que
hacen un paréntesis para un comentario: soy muy fan de la violencia ficticia.
Digamos que mientras más sangriento mejor. Mis personajes de comics favoritos
(con excepción de Supes) son extremadamente violentos. Pero odio la violencia
real. Odio ver los videos de peleas o de los que pierden el control y
atropellan personas y ese tipo de cosas. Me pongo a llorar cuando veo algo de
eso. Y muchas veces me han criticado por escribir así (uno de mis mejores
amigos me preguntó que si a huevo tenía que morir alguien siempre (sic) en mis
cuentos. No contesté que sí, pero tampoco que no).
Después del
intento fallido de hacer el estudio de comics (del cual ya les había
comentado), seguí escribiendo. Estos cuentos muy pocas veces los daba a leer a
la gente, ya que me daba terror que no les gustaran. Pero como dije en la
actividad pasada, ¿qué caso tiene escribir algo si nadie lo va a leer? Así que
empecé a mostrarles mis cuentos a algunas personas, más que nada amigos
cercanos. Después de un tiempo abrí un blog en el desaparecido MSN Spaces, y
publicaba constantemente (después de un tiempo lo olvidé, pero gracias a eso
fue que recuperé varios cuentos después del robo). Los que me seguían eran más
que nada amigos míos, así que tan solo recibía elogios. Después, una amiga me
platicó que conocía a alguien que había llegado por casualidad a mi blog y se
había hecho fan de mis cuentos. Alguien que yo no conocía. Por supuesto eso me
hizo sentir mejor.
Ahora,
desde que retomé la escritura y empecé a compartirla en Twitter he recibido más
comentarios y críticas. Me agrada porque varias personas, incluso amigos, ya no
se enfocan nada más en decirme “Está muy chingón”, sino que me hacen una
crítica. Y todas las he tomado en cuenta. Lógicamente mi confianza en cuanto a
esto mejoró cuando le llevé mis cuentos a un editor y decidió publicarlos (el
primero al que se los mostré, la verdad fui afortunado). Claro que también he
recibido comentarios mala leche y malintencionados, pero incluso de ellos he
tratado de sacar lo bueno.
Y bueno,
digamos que si hacemos una analogía, también de esa manera ha evolucionado mi
confianza en mí mismo.